Proponen rebautizar al cometa Halley: debería llevar el nombre de este monje volador medieval
Cuando un cometa apareció justo antes de la Batalla de Hastings, los ingleses lo vieron como una señal del desastre que se avecinaba. Pero un monje de la Abadía de Malmesbury vio, además, un patrón
En abril de 1066, un anciano monje benedictino llamado Eilmer observaba desde la abadía de Malmesbury (Inglaterra) cómo un brillante cometa surcaba los cielos ingleses. Según recogió el cronista del siglo XII William de Malmesbury en su obra ‘Gesta regum anglorum’ o ‘Hechos de los reyes ingleses’, sus (inquietantes) palabras ante aquella aparición celestial fueron las siguientes:
“¡Has venido, tú, fuente de lágrimas para muchas madres! Hacía mucho que no te veía, pero tal como te veo ahora eres mucho más terrible, pues te veo blandiendo la caída de mi patria!”.
Y es que Eilmer había caído en la cuenta de algo extraordinario: de que ya había visto exactamente el mismo cometa décadas atrás, durante su aparición anterior en el año 989, cuando él era apenas un joven novicio. En aquella época, muchos veían los cometas como presagios que anunciaban muertes de reyes, guerra o hambruna, tratando cada aparición como un evento sobrenatural aislado.
Este episodio podría convertir a Eilmer en la primera persona en reconocer que los cometas podían ser visitantes periódicos y no simplemente presagios aislados. Sin embargo, esta notable hazaña ha pasado desapercibida para los historiadores durante siglos, eclipsada por la fama de Edmund Halley, quien no llevaría a cabo el mismo descubrimiento hasta 1705.
El reconocimiento de Eilmer de que el cometa de 1066 era el mismo objeto que ya había visto décadas atrás, demostró una memoria observacional y un pensamiento analítico notables
¿Qué pasó en 1066?
La aparición de 1066 aterrorizó particularmente a los observadores ingleses: el cometa llegó durante el breve reinado del rey Harold Godwinson, que duró desde el 6 de enero hasta el 14 de octubre de ese año, y que fue inmortalizado en el famoso Tapiz de Bayeux, que documenta la invasión normanda acaecida precisamente en ese año. En China, el cometa fue observado durante más de dos meses, alcanzando su máximo brillo el 22 de abril de 1066, aunque no fue visible en Bretaña y las Islas Británicas hasta el 24 de abril.
El duque Guillermo de Normandía interpretó el cometa como un presagio favorable, mientras que los ingleses lo vieron como un augurio de desastre, una profecía que se cumplió cuando las fuerzas de Guillermo mataron a Harold en la Batalla de Hastings en octubre. El tapiz muestra la representación visual más antigua conocida del cometa:
El cometa más famoso de la historia
El cometa de Halley es el cometa más famoso de la historia. Es el único cometa de período corto (cometas con un período orbital de menos de 200 años) que conocemos y que es claramente visible en el cielo a simple vista. Sus visitas han acompañado casi toda la historia documentada de la humanidad.
Los observadores chinos ya registraron la aparición de una luz brillante viajando de este a norte en el cielo nocturno ya en el año 240 a.C., mientras que el historiador romano Casio Dion describió un evento similar en el 12 a.C. Hasta donde sabíamos, no fue hasta 1705 que el astrónomo inglés Edmund Halley concluyó que estos avistamientos regulares no eran objetos diferentes, sino un único cometa viajando en una trayectoria predecible.
El legado de Edmund Halley
Edmund Halley se ganó su lugar en la historia astronómica al analizar las observaciones de cometas brillantes registrados en 1531, 1607 y 1682. Utilizando la teoría de la gravitación recién publicada por Isaac Newton, calculó que estas tres apariciones representaban un único cometa siguiendo una órbita elíptica con un período de aproximadamente 76 años. Predijo correctamente su regreso en 1758, aunque murió en 1742 sin poder presenciar el cumplimiento de su predicción.
Cuando el cometa reapareció puntualmente como había sido predicho, el astrónomo francés Nicolas Louis de Lacaille le otorgó el nombre de Halley en 1759. La denominación perduró, convirtiendo a 1P/Halley en uno de los nombres más reconocibles de la astronomía, a pesar de que Halley nunca descubrió realmente el cometa en sí.
El debate sobre el nombre
El profesor Simon Portegies Zwart (Universidad de Leiden) y Michael Lewis (Museo Británico) han llevado a cabo una investigación que arroja nueva luz sobre el papel de Eilmer. Comparando crónicas medievales con registros astronómicos, los investigadores concluyen que este monje del siglo XI fue quien descubrió el regreso periódico del cometa tras observarlo dos veces a lo largo de su vida.
Sin embargo, a pesar del atractivo de esta hipótesis, es poco probable que los astrónomos realmente renombren el cometa de Halley. Existen, al menos, tres razones para justificar cierto escepticismo:
El autor de ‘Historia de los reyes ingleses’ vivió medio siglo después de Eilmer, por lo que no hay forma de estar seguros de que la cita registrada fuera literal: sólo le habría llegado al autor a través de personas que lo conocieron.
No tenemos otras fuentes de información sobre Eilmer. Los historiadores desconocen, por ejemplo, el año de su nacimiento. De modo que tampoco podemos estar seguros de que Eilmer realmente viera el cometa de Halley en su juventud: su cita podría referirse perfectamente a algún otro cometa.
El hecho de que los cometas regresaran a intervalos regulares era desconocido en ese momento. Sí, es posible que Eilmer realmente intuyera este hecho... pero también es posible que su frase sea simplemente una metáfora pensada para realzar el efecto de los eventos de 1066.
La diferencia entre observación y comprensión
Aunque el descubrimiento de Eilmer es notable, existe una diferencia fundamental entre su observación y el trabajo de Halley. Mientras que Eilmer reconoció empíricamente que había visto el mismo cometa dos veces, Halley desarrolló el marco matemático y teórico para predecir futuros regresos, utilizando los principios de la mecánica celeste de Newton.
La prueba matemática de Halley sigue siendo un hito histórico en la astronomía. Su trabajo no solo confirmó el retorno del cometa, sino que también validó la teoría de la gravitación de Newton y estableció el método científico para predecir fenómenos celestes. Esta diferencia entre la observación empírica y la comprensión teórica es crucial para entender por qué el nombre de Halley ha perdurado.
Un reconocimiento merecido
Sin embargo, el trabajo de Portegies Zwart y Lewis plantea una cuestión legítima sobre el reconocimiento histórico. Si bien probablemente el cometa nunca sea renombrado de manera oficial, la historia de Eilmer merece ser conocida y celebrada: su capacidad para recordar una observación astronómica durante más de siete décadas y reconocer su significado demuestra que la curiosidad científica y el pensamiento analítico no fueron invenciones de la era moderna, como constantemente quieren hacernos creer.
Lo curioso es que Eilmer ya había pasado a la Historia por algo muy diferente a las observaciones astronómicas, pues fue una de las primeras personas que intentó volar: después de leer y creer en el mito griego de Dédalo, decidió replicar su hazaña atándose alas mecánicas a brazos y piernas y saltando desde lo alto de la torre de la Abadía de Malmesbury.
Según las crónicas de la abadía, Eilmer voló más de 200 metros antes de caer y romperse ambas piernas. El monje planeaba modificar el diseño de las alas y repetir el vuelo, pero el abad le prohibió arriesgar su vida en más experimentos. Según William escribió más tarde, Eilmer “solía relatar como causa de su fracaso el haber olvidado proveerse de una cola”.





Interesante y muy instructivo episodio de la historia. Muy bien explicado. Felicidades.