De dónde salieron Romeo y Julieta: tirando del hilo histórico y literario de los 'amantes desventurados' por antonomasia
Todo comienza con una historia escrita en la Antigua Roma. Sumémosle a eso tramas políticas de la Edad Media y referencias autobiográficas de un militar renacentista. Agitemos con fuerza y... voilà!
Cuando pensamos en Romeo y Julieta (y siendo hoy San Valentín, parece un buen momento para hacerlo), nuestra mente evoca de manera casi instantánea la pluma de William Shakespeare, el balcón bañado por la luz de la luna en Verona y los dos jóvenes amantes condenados por el odio de sus familias. Sin embargo, la historia que Shakespeare llevó a los escenarios entre 1594 y 1596 no fue una creación original suya.
Se trataba, más bien, de la culminación de un largo proceso de transmisión literaria del arquetipo de los «amantes desventurados», que se extiende a lo largo de siglos y atraviesa múltiples lenguas, géneros y culturas (aunque no varíe demasiado en lo geográfico): desde la Roma de Ovidio hasta la Italia renacentista de Bandello, pasando por la Florencia de Dante y las cortes del Véneto.
El arquetipo antiguo: Píramo y Tisbe
El antecedente literario más remoto de Romeo y Julieta se encuentra en las Metamorfosis de Publio Ovidio Nasón, publicadas en torno al año 8 d.C. En el Libro IV de su monumental poema épico, Ovidio relata la trágica historia de Píramo y Tisbe, dos jóvenes babilonios vecinos cuyas familias, enfrentadas por una rivalidad ancestral, les prohíben amarse. Los amantes se comunican a través de una grieta en el muro que separa sus casas —nada de balcones en esta versión— y planean una fuga clandestina bajo una morera blanca.
El desenlace prefigura con exactitud el de Romeo y Julieta: Tisbe llega al punto de encuentro, pero huye al ver una leona con las fauces ensangrentadas, dejando atrás su velo. Cuando Píramo encuentra el velo desgarrado y manchado de sangre, cree que Tisbe ha muerto y se suicida clavándose su propia espada. Tisbe regresa, descubre el cadáver de su amado y se da muerte con la misma arma. Los dioses, conmovidos, tiñen de rojo oscuro los frutos de la morera como eterno testimonio de su amor prohibido.
El patrón narrativo fundacional
La historia de Píramo y Tisbe establece un patrón que se repetirá en todas las versiones posteriores del arquetipo: familias enfrentadas que impiden la unión de los amantes, comunicación clandestina, un plan desesperado de reunión, un malentendido fatal y el doble suicidio consecutivo. Hay que señalar que el propio Shakespeare era plenamente consciente de esta deuda con Ovidio. En Romeo y Julieta incluye una referencia breve pero explícita a Tisbe. Así habla Mercucio sobre Romeo:
“Vedlo; alimentándose está con las cadencias que fluían de la vena de Petrarca. Laura, en comparación de su dama, era sólo una fregona; sí, pero tenía más hábil trovador por apasionado, Dido, una moza inculta; Cleopatra, una gitana; Helena y Hero, mujeres de mal vivir, unas perdidas; Tisbe, unos azules ojos o cosa parecida, pero sin alma”.
Y prácticamente al mismo tiempo que compuso su tragedia, escribió El sueño de una noche de verano, donde un grupo de aficionados representa una versión cómicamente torpe de Píramo y Tisbe para amenizar la boda del duque Teseo: Shakespeare parodiaba así el mismo mito que estaba sublimando en forma de tragedia.
El sustrato histórico: güelfos, gibelinos y la Italia medieval
Montecchi y Cappelletti: las familias reales
Detrás de la ficción de Romeo y Julieta hay un fondo histórico verificable, aunque mucho más político que romántico: las luchas entre güelfos y gibelinos, que en su origen enfrentaban a la casa de Welf (partidaria del papado) contra la dinastía Hohenstaufen (partidaria del emperador), se extendieron por toda la península itálica y degeneraron en una situación de violencia endémica, exilios, confiscaciones de propiedades, asesinatos políticos y batallas entre ciudades vecinas.
Así, los Montecchi fueron una familia gibelina real de Verona, alineada con los intereses del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que los Cappelletti procedían de Cremona (según otras fuentes, de Brescia) y apoyaban a los güelfos, la facción que defendía la autoridad del Papa. Ambas familias se vieron envueltas en las encarnizadas luchas de facciones que desangraron el norte de Italia durante los siglos XII y XIII.
Es importante subrayar que la rivalidad entre estas familias no era una enemistad doméstica al estilo de la obra de Shakespeare, sino una manifestación local de un conflicto continental
Entra Dante
La primera mención literaria de las dos familias que asociamos con Romeo y Julieta se encuentra en la Divina Comedia de Dante Alighieri, concretamente en el Canto VI del Purgatorio, escrito entre 1308 y 1321. Dante, él mismo exiliado de Florencia por las luchas entre güelfos blancos y negros, lamenta en esos versos la decadencia moral y política de Italia:
«Ven a ver a los Montesgos y Capuletos, Monaldos y Filipescos, hombre descuidado: / aquéllos ya tristes, y éstos con recelo».
Ojo, porque Dante no menciona ninguna historia de amor: su referencia es estrictamente política, un lamento por las consecuencias de la guerra de facciones descontrolada. Los Montecchi y los Cappelletti aparecen como ejemplos de familias destruidas por el conflicto civil. Sin embargo, esta mención dantesca fue el germen que, dos siglos después, inspiraría a los autores italianos a ambientar la historia de amor trágico en el contexto de estas rivalidades históricas.
La Verona de Bartolomeo della Scala
Dante estuvo en Verona por primera vez entre 1301 y 1304, cuando la ciudad estaba gobernada por Bartolomeo della Scala, un noble gibelino. El dato es relevante porque las versiones posteriores de la historia de Romeo y Julieta (a partir de Luigi da Porto) sitúan la acción precisamente durante el gobierno de Bartolomeo della Scala, a comienzos del siglo XIV.
La casa de los Montecchi ( o ‘Casa de Romeo’) en Verona, un palacio medieval fortificado con almenas en forma de cola de golondrina —símbolo gibelino—, es todavía hoy un edificio privado visitable desde el exterior, y documentos fiscales del siglo XIV mencionan propiedades de la familia Montecchi en la ciudad. No hay, sin embargo, ninguna evidencia documental de que existieran dos jóvenes amantes de ambas familias.
3. La primera narración de Masuccio Salernitano
Tommaso Guardati (1410-1475), conocido como Masuccio Salernitano, fue un escritor napolitano miembro de una familia noble de Salerno que desarrolló su carrera literaria en la corte de Alfonso V de Aragón en Nápoles. Su obra maestra, Il Novellino, es una colección de cincuenta novelas cortas, en gran medida satíricas y anticlericales, que se publicó de manera póstuma en 1476 al cuidado de Francesco del Tuppo. La obra tuvo el honor de ser incluida en el primer Índice de Libros Prohibidos de la Iglesia Católica en 1557, junto con el Decamerón de Boccaccio y el De Monarchia de Dante, debido a su marcado tono anticlerical.
La historia de Mariotto y Giannozza
La novela XXXIII de Il Novellino constituye el primer relato conocido que contiene todos los elementos esenciales de la trama que después sería Romeo y Julieta. La acción se sitúa en Siena —no en Verona— y los protagonistas se llaman Mariotto Mignanelli y Giannozza Saraceni, pertenecientes a familias rivales. Los elementos principales ya están presentes: los jóvenes se enamoran y se casan en secreto con la ayuda de un fraile agustino. Poco después, Mariotto mata a un ciudadano noble en una pelea y debe huir de la ciudad para evitar la pena capital, refugiándose en Alejandría (Egipto), donde vive un tío suyo.
Giannozza, desesperada y presionada por su padre para contraer un nuevo matrimonio, recurre al fraile, quien le proporciona un poderoso somnífero que simulará su muerte. Mientras ella «muere» y es enterrada, el fraile la rescata de la tumba y ella emprende viaje a Alejandría disfrazada de monje franciscano. Sin embargo, el hermano de Mariotto, Gargano, le envía una carta informándole de la supuesta muerte de Giannozza. Mariotto, destrozado, regresa a Siena arriesgando su vida para ver por última vez el cuerpo de su amada.
Aquí la historia diverge significativamente de la versión que Shakespeare haría célebre: Mariotto es capturado al intentar abrir la tumba, reconocido y ejecutado (decapitado) tres días antes de que Giannozza llegue de vuelta a Siena. Al enterarse de la muerte de su esposo, Giannozza se retira a un convento, donde muere consumida por el dolor. No presencia hay, pues, el dramático encuentro de los amantes en la cripta que caracterizará las versiones posteriores.
Pese a las diferencias, la novela de Masuccio Salernitano introduce ya la mayor parte de los componentes argumentales que reconocemos en Shakespeare: las familias enfrentadas, el amor prohibido, el matrimonio secreto asistido por un religioso, la huida del amante tras cometer un homicidio, la poción somnífera, la falsa muerte, el fallo de comunicación que desencadena la tragedia y la muerte consecutiva de ambos amantes. Es, en esencia, el esqueleto narrativo sobre el que se construirán todas las versiones venideras.
Luigi da Porto: el nacimiento de ‘Romeo’ y ‘Giulietta’
Luigi da Porto (Vicenza, 1485 - 1529) fue un noble, militar y escritor, cuya vida personal está íntimamente ligada a la historia que le haría célebre. Como capitán al servicio de la República de Venecia, da Porto combatió en las guerras que sacudían el norte de Italia en las primeras décadas del siglo XVI. El 20 de junio de 1511, en una batalla junto al río Natisone, cerca de Manzano (Friuli), fue gravemente herido, quedando parcialmente inválido por el resto de sus días. Se retiró a su villa de Montorso Vicentino, cerca de Vicenza, donde dedicó sus últimos años a la literatura.
Los investigadores modernos, en particular el profesor Cecil H. Clough de la Universidad de Liverpool, han descubierto un fascinante paralelismo biográfico: da Porto estuvo profundamente enamorado de su prima Lucina Savorgnan, a quien había visto por primera vez cantando en una fiesta —un coup de foudre idéntico al que sufre Romeo al ver a Julieta en el baile de máscaras—. Durante meses mantuvieron encuentros secretos, pero la oposición de las respectivas ramas familiares, enfrentadas por los consabidos conflictos políticos, impidió su matrimonio.
Tras la herida de da Porto en batalla, Lucina lo rechazó y acabó casándose con Francesco del Torre, miembro de una familia enemiga de los Da Porto. El escritor, desconsolado, se encerró en su villa rural y, en un gesto que tiene tanto de catarsis personal como de creación literaria, escribió su Historia novellamente ritrovata di due nobili amanti. La fecha de publicación coincidió, según Clough, con la víspera de la boda de Lucina.
Las (muchas) innovaciones de Da Porto
Publicada póstumamente en Venecia hacia 1530-1531 y dedicada al humanista Pietro Bembo, la novela de da Porto transformó radicalmente la historia heredada de Masuccio Salernitano. Las innovaciones fundamentales fueron:
Traslado a Verona: Da Porto, buen conocedor de Dante y de la historia del Véneto, ambienta la acción en Verona durante el gobierno de Bartolomeo della Scala (comienzos del siglo XIV), aprovechando la mención dantesca de los Montecchi y los Cappelletti para otorgar verosimilitud histórica a su relato.
Nombres definitivos: Los protagonistas pasan a llamarse Romeo Montecchi y Giulietta Cappelletti, nombres que se mantendrán en todas las versiones futuras.
La fiesta de máscaras: Da Porto introduce el elemento del baile de disfraces en el que los amantes se conocen y se enamoran a primera vista, un motor dramático que refleja su propia experiencia con Lucina Savorgnan.

La enemistad familiar como eje central: Mientras que en Masuccio las familias apenas aparecían, Da Porto convierte la rivalidad entre Montecchi y Cappelletti en el obstáculo principal, inspirado por las luchas entre güelfos y gibelinos.
El despertar de Julieta: En lo que quizá sea su aportación más significativa, Da Porto añade la conmovedora escena en la que Giulietta despierta de su letargo mientras Romeo aún agoniza tras haber tomado el veneno. Los amantes pueden intercambiar unas últimas palabras antes de que Romeo muera. Giulietta, entonces, se suicida... conteniendo la respiración (lo pintoresco de este detalle provocará que en versiones posteriores se sustituya esta muerte por métodos más dramáticos, claro).
La reconciliación: Da Porto introduce también el motivo de la reconciliación de las familias tras la muerte de los amantes, un desenlace moral que Shakespeare retomará.
En el prólogo de su obra, Da Porto afirma haber escuchado la historia en más de una ocasión de boca de un arquero llamado Peregrino durante sus campañas militares. Es plausible que la trama circulara oralmente en múltiples variantes en el norte de Italia, quizá alimentada por hechos reales —en una época en la que los matrimonios aristocráticos eran arreglados por los padres, a menudo contra la voluntad de los implicados, y los actos desesperados de los jóvenes no eran infrecuentes—.
Lo que parece claro, sin embargo, es que Da Porto utilizó este material oral y el precedente literario de Masuccio para construir un relato que ocultaba sus propias y lamentables experiencias amorosas.
Matteo Bandello: la versión que conquistó Europa
Matteo Bandello (1480-1561) fue una de las figuras más polifacéticas del Renacimiento italiano: monje dominico, diplomático, soldado, preceptor y escritor prolífico. Frecuentó las cortes de Ferrara y Mantua y conoció a Maquiavelo. Pero cuando la victoria imperial en la Batalla de Pavía (1525) forzó la caída de la Lombardía en manos del emperador Carlos V, Bandello hubo de exiliarse: su casa en Milán fue incendiada y sus propiedades confiscadas. Se refugió en Francia, donde acabó siendo obispo de Agen, y nunca regresó a Italia.
Su gran obra, las Novelle, consta de doscientas catorce historias publicadas en cuatro volúmenes (tres en vida, en 1554, y un cuarto póstumo en 1573). Escritas con un estilo realista, las Novelle son memorias encubiertas de un exiliado: cada relato va precedido de una epístola en la que Bandello explica cómo conoció la historia, generalmente a través de algún personaje real de la corte.
En unas de esas historias, Bandello amplió considerablemente la trama de Da Porto e introdujo elementos que se convertirían en canónicos. Bandello afirma haberla escuchado de labios de Alessandro Pellegrini, un noble veronés, durante una estancia en las termas de Caldiero, cerca de Verona. Es casi seguro, sin embargo, que adaptó directamente el texto escrito de Da Porto, como era costumbre en la época.
Entre las innovaciones de Bandello destacan la figura del Conde París como pretendiente impuesto a Giulietta,la caracterización de Romeo como un joven previamente enamorado de otra mujer (que preludia a la Rosalina de Shakespeare) y, sobre todo, el suicidio de Giulietta con la daga de Romeo, sustituyendo el inverosímil método anterior.
El último trecho del camino hacia Shakespeare
Fue la versión de Bandello, más que ninguna otra, la que «llegó» a Shakespeare: las Novelle fueron traducidas al francés, al inglés y al español, y ejercieron una influencia enorme en la literatura europea del siglo XVI. En España, cayó en manos de nada menos que de Lope de Vega, quien adaptó la historia como Castelvines y Monteses; y en Inglaterra, la traducción del francés Pierre Boaistuau (que, aunque bastante fiel al original, añadió un característico tono moralizante que caló entre el público anglosajón) fue la base del poema narrativo de 3.020 versos escrito por Arthur Brooke, que a su vez se convirtió en la fuente directa de Shakespeare.
Este poema proporcionó a Shakespeare prácticamente toda la estructura argumental que necesitaba: el encuentro en el baile, el matrimonio secreto, la pelea con Tybalt, la poción somnífera, el destierro a Mantua y el suicidio final de los amantes. Shakespeare conservó muchos paralelismos verbales con Brooke y absorbió la atmósfera de un verano italiano con noches cálidas y tormentas súbitas.
Las transformaciones operadas por Shakespeare sobre el material heredado, sin embargo, son también relevantes: cabe destacar aquí la compresión temporal (mientras que, en sus predecesores, la acción se extiende a lo largo de nueve meses, Shakespeare la comprime en cuatro días frenéticos) o el desarrollo de personajes antes menores, como Mercucio, Paris o la Nodriza.
La historia de Romeo y Julieta es, en última instancia, un magnífico ejemplo de cómo opera la tradición literaria: no mediante la invención aislada de un genio solitario, sino mediante la acumulación, la transformación y el perfeccionamiento progresivo de un material narrativo que pasa de mano en mano, de lengua en lengua, de género en género, enriqueciéndose en cada etapa.








